Ponernos en el pellejo.

Esta mañana he vivido una de las experiencias más gratificantes y a la vez más extrañas de  mi vida. Os cuento un poco de que va la historia: una asociación de discapacitados físicos de Camas, nos ha invitado a participar en un pequeño corto que tiene como objetivo mostrar la realidad de las personas de este colectivo. Esas barreras arquitectónicas que “los andantes” no vemos pero que están ahí y a la que se enfrentan todos los días estas personas.

Antes de empezar, debo ser sincera y el primer pensamiento que me vino a la cabeza cuando una de mis compañeras me propuso que fuera yo la persona voluntaria para ir en la silla fue “que yuyu me da eso, madre mía”, pero bueno pensé que sería una buena experiencia para de verdad ser consciente de lo que supone tener que moverte en silla de ruedas por una ciudad. Era la primera vez en mi vida que manejaba una silla de ruedas, pues nunca me he visto en la necesidad de ello, ya que hasta el momento no he sufrido tampoco la rotura de una pierna (que es el uso común en “los andantes”).

 

Al inicio de empezar a moverme, sólo iba pensando en como no caerme pues soy bastante patosa y tenía miedo de salir disparada de la silla pero bueno, después de ese primer momento empecé a ser consciente de las barreras arquitectónicas que desgraciadamente hay en cualquier ciudad del estado. He sido consciente de que el mundo está hecho por y para “los andantes”, a los no “andantes”, les dejamos nuestro espacio pero no somos capaces de ver las trampas que cada día tienen que sortear simplemente por tener que moverse en silla de ruedas. Y no solo es ir por la calle, sorteando escalones, sillas de veladores, cacas de perretes, baches, aceras estrechas sino la dificultad que supone algo tan cotidiano para “los andantes” como entrar en una tienda, hacer una gestión en un banco o acceder a cualquier edificio público. El trayecto que hemos hecho esta mañana ha sido muy corto, andando a paso rápido se puede hacer en 15 minutos o menos y nosotros lo hemos hecho en una hora!

Creo que “los andantes” no somos conscientes realmente de lo que supone cualquier barrera arquitectónica en una ciudad. No somos capaces de ver el mundo desde la perspectiva de alguien que se ve obligado por enfermedad o a causa de un accidente a moverse en silla de ruedas por la calle; no, no somos capaces de ponernos en su pellejo y pensar por un momento como sería nuestro cómodo mundo de “andante” si por cualquier motivo tuviéramos la necesidad de utilizar una silla de ruedas, por eso se hace necesario realizar acciones como éstas, la de hacer un corto con la idea de concienciar. Y también es muy necesario que las propias administraciones públicas, como los ayuntamientos, den voz a las personas que tienen alguna discapacidad física.

 

 

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