Inteligencia VS Violencia

Tengo la sana costumbre de hablar siempre claro y de decir lo que pienso independientemente de quien sea la persona (o personas) que me puedan estar escuchando o leyendo.

 

El asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León por el Partido Popular a manos de dos compañeras de partido, ha incendiado durante estos dos últimos días las redes sociales y pone de manifiesto dos cosas: primero, lo proclives que somos a especular ante hechos como estos aun cuando no tenemos información sobre lo que realmente ha ocurrido; por parte de la derecha, por ejemplo Isabel San Sebastian dijo que lo ocurrido era producto de los escraches, tachando a quienes luchan por los derechos sociales de terroristas (para variar) y por parte de la izquierda, la mayoría de las especulaciones iban encaminadas a señalar que era algo que se veía venir dada las circunstancias socioeconómicas por la que estamos pasando, o que como la presunta asesina que trabajaba en la diputación se acababa de quedar en paro el móvil del crimen era un arrebato de ira de una pobre trabajadora. Y de pronto todo cambia, cuando nos llega la información de que la presunta asesina era también militante del Partido Popular y que incluso llego a ser candidata en una lista electoral, es decir, todas las hipótesis sobre el crimen se caen. La derecha ya se queda sin argumentos para iniciar su caza de bruja contra la izquierda, y ésta a su vez inicia una campaña de despropósitos que sobrepasan lo eticamente tolerable, y es esto precisamente lo que quiero señalar.

 

Sobra decir que la asesinada no era precisamente ninguna santa y que de sobra era conocida su fama de cacique y corrupta, y que además ostentaba 13 cargos públicos por los cuales cobraba muchísimo dinero, es decir el claro ejemplo de persona que está en la política para llenarse los bolsillos y no para servir al pueblo. Pero pese a todo esto, desde la izquierda comunista no se pueden tolerar ciertas actitudes de nuestros compañeros y camaradas. Los comunistas en momentos como el de ayer, no podemos dejarnos llevar por la rabia y el odio, debemos de tener altura de miras y ética suficiente como para no caer en actitudes propias del fascismo y ayer eso es lo que ocurrió. Y ojo, no estoy diciendo que debamos de llorar o sentir pena, pero tampoco alegrarnos o soltar barbaridades tales como “era una zorra, pepera que se ha merecido ese final” o cosas aun peores. Esa no es la actitud de la izquierda, o al menos no de lo que yo considero como tal. No se puede caer en lo mismo que luego criticamos porque sino estaremos perdiendo todos los buenos argumentos que podamos tener. Encima si te posicionas en contra de esas actitudes, te juzgan y señalan, como a mí misma me ha pasado durante estos últimos días.

Utilicemos la inteligencia por favor, no caigamos en más errores como estos. No digo que la violencia no sirva de nada, en ocasiones por desgracia es la única salida que existe pero es que este precisamente no era el caso. Me despido con un poema escrito por mi buen amigo Daniel Martín Barrera, que trata sobre este tema y que dice así:

62, Violencia

El odio sigue siendo odio,
el deseo de daño
sigue siendo deseo de daño,
por noble que pueda parecer
la meta que se pretenda alcanzar.
Las grandes palabras
y las grandes causas
no pueden enmascarar
que quien es hostil
pretende su propia satisfacción.
¿Si tu camino busca el bien común,
como dañar a una de las partes?
¿Si quieres la paz en la Totalidad
como levantas tan fácilmente
el trueno de tu voz y la piedra de tu puño?
¿No será que la rabia y el miedo
se han puesto un disfraz de “Bien”?No existe las metas superiores,

la perfecta categoría
ni nada parecido al “Bien”.
¿Quien conoce historia alguna
de quien aferrándose a altos criterios
hayan traído un beneficio
innegable y atemporal?
Si las metas superiores fuesen reales,
el camino sería natural y nadie quedaría sin contento.
Si la perfecta categoría existiera,
nada quedaría sin exacta explicación.
Si el Bien fuese el contrario del Mal,
podríamos optar por el primero y nada se torcería.
Sin embargo, al obrar,
todo el mundo ensalza el valor de su objetivo,
se cierra sobre su constructo de la realidad,
clama por la magnificencia de su Bien
y convierte su visión en imposición,
cubriendo la tierra de conflictos y disputas.
¿No será,
que hacemos incontestable la meta
para no sentir desorientación,
que nos cerramos sobre conceptos
para no tambalear nuestros principios
y que distinguimos entre Bien y Mal
para anular como personas,
silenciando sus visiones y sentires,
a quienes consideramos en enemistad?
Entonces,
el foco de nuestra rabia no es el acto ajeno
si no el miedo a poder sufrir daño
y a que nuestras pautas sean incorrectas.
Por esto,
la sensatez recomienda
ante la diferencia,
aprendizaje y tolerancia,
ante el conflicto,
comprensión y colaboración,
ante el daño,
protección y restitución,
ante la confrontación,
prudencia y respeto
y en el uso de la fuerza,
delicadeza y mesura.
En una visión amplia,
difícilmente cabe
disfrutar con el sufrimiento ajeno
y tomar el camino de las armas

como el más razonable y productivo.

 

 

 

 

 

 

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