Hasta cuando? ( y II)

En mi ultima entrada de blog hablaba del miedo y de cuanto tiempo seguiremos aguantando esta situación. Hoy también nos hemos levantado de nuevo con la triste noticia del suicidio de una mujer cuando iba a ser desahuciada de su casa, y ya van tres…… pero por desgracia no son las primeras ni tampoco las ultimas muertes por suicidio desde que comenzó esta estafa.

En estos últimos días parece que el PSOE ha iniciado una ronda de contactos con el PP para buscar soluciones al tema de los desahucios, pero por que no lo hicieron cuando tuvieron la oportunidad? Aparte no creo que ninguno de los dos grandes partidos contemple soluciones como los alquileres sociales o la dación en pago porque eso sería morder la mano que les da de comer, los bancos así que más que medidas lo que harán sera tapar agujeros y poco más. Además resulta muy triste que con la cantidad de desahucios que han sido llevados a cabo desde que empezó esta “crisis” tengan que morir personas para que tanto la sociedad como algunos políticos de este país reaccionen!

Y volvemos a lo comentado en mi entrada anterior: el miedo y la pasividad. Es triste ver como en este misero país solo nos ponemos de acuerdo para criticar al vecino o para comentar el ultimo partido de fútbol pero no para pelear por nuestros derechos, en vez de salir a la calle y gritar  un basta ya bien fuerte nos limitamos a poner mil excusas con tal de no mover un dedo, porque total de que va a servir, no? O peor aún, si lo muevo corro el riesgo de quedarme en el paro……. Los pocos derechos que habíamos logrado en estos casi 37 años de pseudodemocracia nos los están robando pero es preferible quedarnos en un rincón o creernos los discursos populistas de ciertos partidos para no hacer nada por arreglar esta situación.

Voy a terminar esta nueva entrada con algo que leí el otro día en facebook y que me hizo pensar, su autor es el escritor y crítico literario Rafael Narbona:

“Odio la moderación. La ira es la espuma que transforma la historia, aunque a veces esté teñida de rojo. La ira es la única respuesta posible a la injusticia y la desigualdad. La ira no es violencia, sino la determinación de acabar con la indignidad del trabajo infantil, la explotación sexual o las ocupaciones militares de pueblos privados de sus derechos colectivos. Las utopías son la esperanza de los torturados, menospreciados o esclavizados y sólo comienzan a despuntar cuando una fiebre incontenible incendia a los hombres y las mujeres, liberándolos del miedo. Indignarse fue inútil. Ahora hay que rebelarse, imitando a los palestinos, que se enfrentan a los carros blindados con piedras y poesía. Las insurrecciones son la épica de un tiempo de indigencia. Las insurrecciones no son un gesto de inmadurez, sino la única forma de desviar el rumbo de la historia. Si no liberamos nuestra ira y perdemos el miedo a los perros de la guerra, nos aguardan décadas de vejaciones. La clase trabajadora debe echarse a la calle y llevar el terror a la puerta de los que siembran el infortunio entre los más vulnerables. Nos acercamos a una probable quiebra financiera de los países del Sur de Europa, se aproximan nuevas guerras en Oriente Medio, los combustibles fósiles se agotan, el cambio climático ya es un hecho incontestable, se agudiza la represión de las libertades, se elaboran nuevas leyes de excepción, aumentan los suicidios. El radicalismo es la única alternativa posible para no perder el mañana. Ser radical ya no es una opción, sino un gesto de coherencia moral”.

 

 

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